jueves, 7 de mayo de 2015

Nueva publicación

Queridos amigos lectores:

Me complace dirigirme a todos vosotros para trasladaros mi alegría porque mañana viernes 8 de mayo tendrá lugar la presentación de mi último libro, Amueblamiento y ajuares en la basílica de Nuestra Señora del Socorro (Aspe). Siglos XV-XX, que es el resultado de obtener el XI Premio de Investigación Histórica 'Manuel Cremades', que convoca anualmente el Excmo. Ayuntamiento de Aspe. Os dejo la invitación. Si alguien desea un ejemplar, puede dirigirse a mi correo electrónico y se lo mandaré (alejandrocdonoso@gmail.com).



lunes, 4 de mayo de 2015

Ramón Bergón: un platero eldense y su arte

Queridos amigos:

El pasado 24 de abril tuvo lugar la presentación de mi último trabajo, el libro titulado "Ramón Bergón: un platero eldense y su arte", editado por la Concejalía de Cultura y Patrimonio del Excmo. Ayuntamiento de Elda. Os dejo a continuación alguna fotografía y el texto que pronuncié en mi intervención. Si alguien desea un ejemplar, sólo tiene que enviarme un correo electrónico (alejandrocdonoso@gmail.com) y se lo enviaré encantado. Espero y deseo que sea de vuestro agrado.





Excma. Sra. Alcaldesa de Elda, Dª Adela Pedrosa
Sr. Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Elda, D. José Francisco Mateos
D. Lorenzo Hernández Guardiola, Doctor en Historia del Arte y académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, autor asimismo del prólogo
Miembros de la Corporación Municipal
Representantes de entidades culturales, festeras y sociales
Amigos, amigas: muy buenas tardes.

Aquellos que vinieron hace hoy un año a la presentación del libro El tesoro de la iglesia de Santa Ana, de Elda, a través del inventario de 1817 recordarán que inicié mi intervención con la siguiente fórmula: Annuntio vobis gaudium magnum, que son las palabras que pronuncia el cardenal protodiácono una vez que el colegio cardenalicio ha elegido un nuevo pontífice para la Iglesia, un nuevo obispo para Roma y un nuevo sucesor del apóstol Pedro. Esas palabras, que vienen a significar Os anuncio la gran noticia, encajan muy bien esta tarde porque, ciertamente, es una gran noticia que nos encontremos todos aquí reunidos para presentar una hoja más, otro capítulo de la historia de Elda, de sus tradiciones, de esas cosas que la ciudad guarda como oro en prenda. Y es que, en efecto, con la edición de este libro y la investigación que lo ha precedido se ha podido salvaguardar una parcela más de la memoria histórica de Elda, de sus gentes, de sus actividades económicas, de su discurrir por el tiempo.
Todo empezó de una forma casual: al estudiar la custodia de asiento de la iglesia de San Pedro Apóstol de Novelda, pudo observarse que ella guardaba muchos paralelismos con la de la catedral de Murcia, obra de un platero valenciano llamado Ramón Bergón. Tras el vaciado de los archivos noveldenses, una noticia inesperada llegó: Ramón Bergón había hecho efectivamente esa custodia para Novelda y, además, era eldense según él mismo declaró en el contrato que suscribió con los capitulares de la iglesia de San Pedro Apóstol. Evidentemente, la alegría fue grande y las llamadas a Gabriel Segura y Ramón González Amat no se hicieron esperar: tenía en mis manos una pieza de orfebrería hecha por un eldense allá por 1792. La respuesta de ambos fue meridiana al señalar que era un gran hallazgo y que en Elda no se sabía nada al respecto. Pronto hablé con José Francisco Mateos y le propuse investigar la figura del orfebre Ramón Bergón, autor, al menos de dos de las piezas más exquisitas del arte del último tercio del siglo XVIII de toda la zona. El concejal aprobó la idea y la hizo suya, financiando un viaje a Valencia para poder localizar cuanta información fuera posible en los archivos que cobijan la documentación del antiguo Gremio de Plateros. Allí se pudieron encontrar muchos documentos, desde su partida de matrimonio con la valenciana Ignacia Velasco, su examen de maestría, los nombramientos como juez contador o visitador y un largo etcétera. Pero no todo quedó ahí: Ramón e Ignacia tuvieron un hijo varón al que también llamaron Ramón, quien asimismo fue platero. O sea, que la tradición que había iniciado su padre tuvo continuidad con su hijo y su nieto. De todos ellos se ha podido recuperar la documentación existente relativa al desempeño de su actividad profesional, especialmente la parte del examen de maestría, y otros aspectos de índole más personal como un supuesto fraude que hizo Ramón Bergón hijo a unos compradores al venderles unos pendientes de metal de poca calidad como si fueran de plata de ley. Como ven, el raterío no sólo ha sido cosa del siglo XXI.
Los archivos de Valencia mostraron muchos datos acerca de esta dinastía de plateros de finales del siglo XVIII e inicios del siglo XIX. Sin embargo, faltaba otro dato fundamental: ¿dónde y cuándo había nacido Ramón Bergón? ¿Quiénes fueron sus padres? Pues bien, en los archivos de Orihuela se pudo encontrar la partida de bautismo que se reproduce en el libro, igual que el resto de documentación, oportunamente interpretada para el avezado lector y aquel que desee conocer algo sobre sus paisanos en tiempos lejanos y la actividad que ellos desempeñaron. Sin embargo, la investigación no quedaba ahí pues faltaba el análisis y la valoración de las obras de arte que los Bergón ejecutaron aunque conviene señalar que, hasta la fecha, tan sólo se han podido documentar las piezas que hiciera Ramón Bergón padre para la catedral de Murcia a partir de 1781 y esa custodia para Novelda unos años más tarde. Además de esas dos custodias, que se ven analizadas y estudiadas en toda su dimensión en este libro por vez primera, se ha encontrado información acerca de una corona que hizo para la Virgen de la Fuensanta de Murcia así como algunos objetos del ajuar catedralicio murciano y el tabernáculo de plata sólo proyectado y no realizado con destino al presbiterio de la Santa Iglesia Catedral de Murcia, todo un patrimonio que no se ha conservado. Sin embargo, esas pocas obras han sido suficientes para revelar que Elda fue la cuna de uno de los mejores orfebres del siglo XVIII de toda la región valenciana, pues esas custodias conservadas son elocuente testimonio de su buenhacer y su exquisitez tanto en la labra del oro y la plata como en el engaste de las piedras preciosas. La concepción culta de ambas obras de arte denota asimismo la genialidad del maestro y de la tradición platera de Elda, pues en las páginas del libro se analiza también el panorama de los plateros que nacen en Elda o que llegan a estas tierras para trabajar en una obra concreta, caso del oriolano Antonio Martínez a quien se le requiere a finales del siglo XVIII para que ejecute las lámparas de plata de la capilla de la Virgen de la Salud.
Puede decirse, en definitiva, que este libro ha pretendido, y quizá lo ha conseguido, establecer el estado de la cuestión de los estudios de orfebrería en la provincia de Alicante en general y en la ciudad de Elda en particular, mostrando datos inéditos acerca de un buen número de plateros bien eldenses bien foráneos que arriban a Elda para acometer algún trabajo, además de trazar una sucinta relación por las piezas de orfebrería más emblemáticas del tesoro de la iglesia de Santa Ana. Ese sería el primer gran capítulo del libro, completado con todos los datos biográficos y vitales de Ramón Bergón, de su hijo, de su nieto y de su hermano José, otro platero que en este caso se ha localizado viviendo y desempeñando su oficio en la vecina Novelda. El segundo bloque del libro es el estudio de las obras de arte que Ramón Bergón padre llevó a cabo, analizadas con pormenorización y comparadas con otras custodias contemporáneas, contemplando además la obra perdida pero conocida a través de las fuentes documentales.
No obstante ello, y antes de finalizar, conviene hacer constar que este libro no es sino un fruto de múltiples intenciones, de muchas personas que han aportado datos, de instituciones que han querido apoyar la idea. Pero, sobre todo, es la lógica consecuencia de la decidida apuesta por la historia y la memoria de la ciudad por parte del Ayuntamiento de Elda, específicamente de las Concejalías de Cultura, Fiestas, Comercio y Participación Ciudadana que han asumido el coste de la edición junto a la encomiable colaboración de la Cofradía de los Santos Patronos de Elda, siempre velando por su patrimonio y su historia, y del Centro de Estudios Locales del Vinalopó. A sus representantes muestro mi más profunda gratitud, de todo corazón, por haber creído en el proyecto y haber confiado en mí para llevarlo a cabo. Por último, quiero agradecer la presencia esta tarde de la Sra. Alcaldesa, Dª Adela Pedrosa, pues deben saber que en siglos pasados era el propio alcalde quien nombraba el día de Nochebuena al Fiel Contraste, es decir, al platero encargado de garantizar que la plata que se trabajaba en una determinada localidad cumplía con la legislación vigente al respecto. Agradezco asimismo de corazón al Dr. Lorenzo Hernández Guardiola que haya prologado el libro y esta tarde se haya desplazado a Elda para participar de esta presentación.
Muchos son los amigos que han colaborado, cuyo nombre aparece en el listado de agradecimientos, si bien este libro está dedicado, y así figura en sus primeras páginas, a mis amigos de Elda, por su apoyo y amistad. A todos ellos, pues, y a todos ustedes que han venido esta tarde a acompañarnos, mi agradecimiento personal. Espero que disfruten con la lectura del libro y conozcan otra página más de las muchas páginas de oro que encierra la historia de Elda. Disfruten recreándose en las espléndidas obras de arte, de plata, de oro y piedras preciosas, de diamantes, de perlas, de zafiros y rubíes: todo lo hizo un paisano suyo. Hagánme caso y disfruten: si lo consigo, me sentiré más satisfecho de lo que me siento. Muchas gracias.

martes, 3 de febrero de 2015

Otra custodia neoclásica: la de Aspe


Estimados amigos lectores:

Disculpad que haya tenido este blog tan abandonado pero la acumulación de trabajo e investigaciones ha provocado que no haya podido atender esta página como os merecéis. Hoy os quiero comunicar que en el mes de septiembre de 2014 resultamos vencedores Nuria Guilabert y yo del XI Premio de Investigación Histórica "Manuel Cremades", convocado por el Ayuntamiento de Aspe y el Instituto Alicantino de Cultura. Nuestro trabajo consistió en un estudio del amueblamiento y los ajuares de la basílica de Nuestra Señora del Socorro de Aspe en un periodo de tiempo que abarcaba desde el siglo XV, momento en que datan las piezas más antiguas de platería -unas crismeras-, hasta el siglo XX. A finales del mes de marzo saldrá publicado el libro con el trabajo. Mientras tanto, os dejo el epígrafe relativo a la custodia y unas cuantas fotos, todas ellas de Nuria Guilabert.

La referencia bibliográfica es A. CAÑESTRO DONOSO y N. GUILABERT FERNÁNDEZ, Amueblamiento y ajuares en la basílica de Nuestra Señora del Socorro (Aspe). Siglos XV-XX. Alicante: Instituto Alicantino de Cultura, 2015, pp. 82-84.

"Sin duda, la pieza que más acusó las reformas planteadas en ese Concilio de Trento fue la custodia, por lo que puede decirse que a raíz de la Contrarreforma se produjo un verdadero boom artístico de estas piezas tan singulares. En esta iglesia de Aspe subsiste un magnífico ejemplar neoclásico fechado en 1790, del cual se desconoce el artífice si bien en la transición del nudo al viril aparece el punzón de Madrid, concretamente la variante de la Corte, y un 90 que hace alusión a su fecha de ejecución y al centro u obrador artístico al que pertenecía el platero en cuestión, fecha que asimismo se ratifica en la inscripción que presenta la custodia, que es la siguiente:

EL EX.MO S.OR D.N VIZ.TE OSORIO MARQ.S Đ ASTORGA
CONĐ Đ ALTAMIRA DUQ.UE Đ MAQUEDA
DIO ESTA CUSTODIA ALA YG.A Đ SU V.A Đ AXPE
AÑO Đ 1790

En efecto, la custodia fue regalada por don Vicente Joaquín Osorio de Moscoso y Guzmán (Madrid, 1756-Madrid, 1816), XII conde de Altamira, XV duque de Maqueda y XV marqués de Astorga, entre otros muchos títulos nobiliarios. El hecho de que proceda de algún taller madrileño no es extraño si se tiene en cuenta la directa vinculación del duque con la Corte, pues el rey Carlos III lo designa gobernador del Banco de San Carlos mientras que Carlos IV lo nombra su Caballerizo mayor, lo que explicaría que regalase esta custodia salida del obrador de la Corte. La custodia presenta la llamada burilada, o sea, un pequeño raspado con un buril en un sitio discreto con el fin de fundir la viruta resultante y comprobar que se ajusta a la ley vigente en ese momento, labor que era desempeñada por el platero que ostentara el cargo de Fiel Contraste o Marcador.
 En cuanto a la tipología de la misma, se trata de una custodia de tipo sol. En estos momentos, la traza del sol, símbolo de Cristo como luz y sol de justicia, comienza a transformarse en una gloria de nubes y querubines, a la manera de apoteosis o triunfo del Sacramento, similar a los transparentes y a las pinturas contemporáneas del Barroco decorativo, llegando a su culminación a lo largo del siglo XVIII[1]. Luce viril circular con marco adornado por racimos de vid y espigas de trigo en alusión al sacramento de la Eucaristía y al mismo carácter intrínseco de la custodia, todo ello envuelto en un cerco de ráfaga con rayos asimétricos biselados donde reposan ocho querubines, coronado por una cruz sencilla. El sol descansa sobre un cáliz de astil troncocónico invertido y nudo cubierto por querubines donde aparece la inscripción del Duque de Maqueda. El pie presenta forma ovalada y escalonada en altura por medio de molduras rematadas con perlas y palmetas, repertorios típicamente neoclásicos. Sobre ella se encuentran dos ángeles extremadamente bellos portadores del motivo principal, trigo y vid, y en la parte delantera el Cordero Místico sobre el Libro de los siete sellos. 
En cuanto a su autoría, resulta difícil atisbar cualquier hipótesis al respecto si bien el sol sí presenta ciertas semejanzas con obras contemporáneas, sobre todo con los soles de las custodias que hiciera el platero eldense Ramón Bergón tanto para la catedral de Murcia como para la iglesia de San Pedro (Novelda), con proliferación de cúmulos de nubes algodonosas y cabecitas de querubines. Sin embargo, no se ha podido constatar que este platero tuviera relación alguna con la Corte o ese ámbito. Lo que sí parece claro es que esta custodia no salió de los talleres de la Real Fábrica de Platería de Antonio Martínez. Es más, podría incluso relacionarse, a pesar de la carencia de punzones personales, con las obras de Cayetano Pisarello, platero que trabaja en la Corte y cuyas obras presentan una clara influencia italiana, específicamente la custodia que labra en 1777 para la iglesia madrileña de San Ginés que presenta unos ángeles en el nudo que son similares a los de esta custodia de Aspe[2], por lo que podría pensarse que, si bien no puede decirse que sea obra segura de Pisarello, el artífice de esta espléndida custodia conocía muy bien las líneas italianas y, más en concreto, esa obra madrileña que incorpora dos escultóricos ángeles, de alta calidad y belleza, y que, sin duda, parecen predecir o, si se quiere, adelantar, lo que cristalizará la custodia de Aspe".


[1] Mª C. HEREDIA MORENO, “De arte y de devociones eucarísticas: las custodias portátiles”, en J. RIVAS CARMONA (coor.), Estudios de Platería. San Eloy 2002. Murcia, 2002, pp. 163-181.
[2] J. M. CRUZ VALDOVINOS, Valor y lucimiento. Platería en la comunidad de Madrid. Madrid, 2004, pp. 172-173.
   






lunes, 23 de junio de 2014

Platería neoclásica en la provincia de Alicante

 Estimados lectores:

Nuevamente, y después de varias semanas, vuelvo al blog para hablaros de platería neoclásica en la provincia de Alicante. En la actualidad estoy preparando un texto sobre la platería del siglo XIX en esta provincia con destino al anuario CANELOBRE, que edita el Instituto Alicantino de Cultura. Cuando me proponen el tema, rápidamente acepto a pesar de que la platería del XIX era un campo absolutamente desconocido para mí, pues siempre he trabajado los siglos del Barroco e incluso alguna que otra cosa del XX pero nunca del XIX. Y como para mí suponía un reto, acepté encantado. Lo cierto es que no he podido ponerme manos a la obra hasta hace bien poco, porque el invierno ha venido muy cargado de trabajo. Cuando he empezado a trabajar el esquema del artículo, me he dado cuenta de que había mucho patrimonio, pues hablar de un siglo en 15 páginas resulta un poco complicado, sobre todo si se tiene en cuenta que es la primera vez que se va a tratar el tema. Pronto empecé a hacer un somero listado de la platería del XIX en los distintos templos parroquiales y conventuales de la provincia y me llevé la sorpresa de que había más de un centenar de piezas, todas ellas particulares, si bien lo que dominaba ese panorama eran las custodias y los cálices. Es por ello por lo que, aunque también haga referencia a otras piezas, me centraré en ellas. 

Hoy os quería enseñar, queridos lectores, una custodia que descubrí en la iglesia de Santa Ana (Elda), un bonito ejemplar neoclásico, sin marcas, fechable hacia los años finales del XVIII o los inicios del XIX. El profesor de Historia del Arte de la Universidad de Murcia, Dr. Manuel Pérez Sánchez, sugirió la posibilidad de que el autor de esta custodia fuera Luis Perales, el mismo que hiciera la urna del Monumento de Jueves Santo de la catedral de Orihuela. Y quizá así sea porque los ángeles que presenta ciertamente son similares a los oriolanos. Sin embargo, y ante la carencia de marcas y sobre todo de documentación, no puede asegurarse la autoría. Aquí se evidencia una más que estrecha relación entre la arquitectura y la platería, pues la custodia resulta en sí misma toda una lección de saberes compendiados pues a los ángeles de bulto redondo, absolutamente escultóricos, se le suma la presencia de elementos extraídos de los repertorios de la arquitectura, lográndose así una combinación más que interesante entre ambas artes. Y no sólo debe fijarse nuestra vista en aquello que se contempla sino también en aquello que no percibimos por nuestros ojos: el claro mensaje simbólico-teológico que la custodia encierra, con la presencia del Cordero místico sobre el Libro de los Siete Sellos y el Arca de la Alianza.Ya no vale limitarse al mero análisis de las formas sino que hay que ir más allá y hacer hincapié en esa segunda lectura, obligada por otra parte.

Seguiremos investigando...

PD. Las fotografías son propiedad de Dª Nuria Guilabert, compañera de batallas y fiel fotógrafa.